DE LOS RETALES DE LA MADRE AL rétales DEL HIJO

Presentación y prólogo de Retales de Jose A. Miranda y Paulo Díaz

A.l. Guillén
Compartido originariamente en El coloquio de los perros

Conocí a Jose antes del 15M, en el concierto de presentación de Sefronia Tres, un disco que venía a tratar la muerte del ego artístico a través del nacimiento de la hija. Ese día él me regaló un panfleto poético, Fandango Revolución. Yo comenzaba entonces a leer a Debord. Esa insinuación de fuego flamenco en coito con la que yo consideraba entonces potencia intelectual de Debord parecía tener sólo sentido en él: en este panfleto: yo no había visto otro panfleto igual.

Nos cruzamos después del 15M. Elena y Jose me invitaron a interaccionar con ellos en un Banderín (anti-banderín) en el Zaguán. Detrás de un gran amplificador toqué y manipulé muestras de Manolo Caracol a través de una Danaelectro y múltiples pedales eléctricos.

Había poetas allí: confundidos y confrontados.

El texto de Jose y Elena se refería a un fuego de poesía que disolvía la propia literatura.

Este fuego procedía cuestionando: qué es la poesía, qué es la literatura; qué degeneración ha sucedido para separarlas de la Vida.

Sin querer retarles, les retaron.

Retales es una palabra grave, lo que sigue es una especie de sugerencia esdrújula, un Rétales. De los retales de la madre al rétales del hijo.

Entrando en esta geografía de retales de Jose A. Miranda, planteo si es posible separar el Jose que reflexiona del que dispara retales que llaman versos. Ya adelanto que mi conclusión es esta: no se puede. Y la esencia de esta imposible separación ejemplifica el propio problema de la poesía separada de la vida, y de la reflexión crítica separada de la poesía. Voy a saltar como un ebrio Shaolin entre esta falsa dicotomía, entre dos polos (pues reflexionar es crear, versificar es reflexionar) hasta conseguir disolverlos en una conjunción, en un lugar: en la Vida.

Hay un marco de reflexión que se dirige a la raíz. Puedo decir del trabajo de Elena y Jose dando a conocer en Almería, con su distribuidora Fantasma, los materiales para la némesis de la Gran Enfermedad de nuestro mundo, que me ha emocionado de forma poética.

No es posible erradicar con luz el problema del desarrollismo, la producción, la mercancía y el aparato democrático capitalista si no nos identificamos como seres privados, de manera autoritaria, de Vida. Si no sentimos poéticamente, a través de la palabra que reflexiona y versifica, la obligación del Fuego, contra la muerte que nos infligen en vida. Aquí, cada retal de Jose, cada verso, sólo puede emanar de la emoción poética de un estar en el mundo a la luz de la crítica de toda institución que mantenga la extinción del deseo. ¿Existe la institución de la poesía con mayúsculas?, ¿de la literatura con mayúsculas?

Si nuestra manera de vivir, aún “poetas”, imita, colabora, asimila la institución política, ¿puede ser la palabra poética sólo el verso malabar egótico de una camarilla, y ser vendido como poesía?, ¿puede ser esa palabra el agente esencial de la reificación de la poesía?, ¿puede ser el «poema cuyo principio, cuyo final, es su único argumento»?

En cada retal de Jose parece gritarse en silencio (él es silencioso como Miles “In a silent way”) una verdad, una extraña verdad en la que se imbrica esa verdad con la reflexión crítica sobre la vida que tenemos, que nos dejan. Este grito, que interpela en silencio, nos dice sobre cómo se dirige alguien de forma radical con el deseo de actuar sin concesiones. Es un espejo de un anhelo, de una necesidad, un mirar a los ojos a todo y a todos. No hay rasgo de narcisismo literario aquí. Y eso incluye el cómo decir; lo que sobra se quita: la cerilla puede ser diminuta pero reducir a ceniza entrópica una Catedral de Nuestra Madre.

Al ser un complejo espejo de esta subjetividad del anhelo emancipado, es el espejo de todos los que, de algún modo, anhelamos. Con los materiales Fantasmas, sigo aprendiendo a cuestionarme y cuestionar, a emocionarme por hacer. En los versos de Jose me veo. En la necesidad de hacer, de mirar con lambreazos de Fuego a los ojos de los demás, porque sí que pueden ver y verme. ¿Si muchos ojos ven se cierra el Gran Ojo? O no. Pero ya actuamos prendidos.

Este Fuego diluye cualquier noción separada de poesía y política. Abrasa cualquier cosa separada de la vida que llaman “política”. Nos planta en la vida. Y la vida, prendida de deseo, es Vida. No polNo la mano que las separa escupiendo sobre nuestra Vida.an «ítica. No poesía. No la mano que las separa escupiendo sobre nuestra Vida.

El Fuego reta (¡rétales esdrújulo Fuego!) al que aliena la palaba poética de la vida. Al que usa la palabra como medio, el que aliena su valor genuino como medium. Y la palabra “medium” me conduce al final de mi reflexión. Siento apuntar a un (no)lugar menos políticamente institucionalizado y correcto aún. Digo ahora: la naturaleza sutil de este Fuego es sobrenatural.

Nos encontramos en Retales con este hermoso objeto, de aspecto casi sacro (un “misario”, oí decir en las redes con la superficialidad “ilustrada” con la que se describe habitualmente hoy cualquier objeto con el que religar, o todo aquello que huela a “religión”). Aspecto de Libro Rojo Jungiano, del De Imitatione Christi de Thomas de Kempis con el que Jung soñó. En este sentido, y a favor de mi sugerencia sobre el saber sobrenatural de ese Fuego, éste es un libro sembrado de imágenes de potencia alquímica, de Paulo Díaz (México: donde jamás la revolución dejó de lado por imposición ilustrada ninguna apocalíptica religiosa-revolucionaria: donde la muerte está). Dialoga oblicuo, sugiere, a los versos de Jose. Desfilan dioses antropomorfos, cristos y figuras marianas, de Paulo… pero “contaminador” de símbolo religioso más anterior y profundo a la cristiandad: tauroctonía mitráica, inversiones odínicas de murciélagos, cráneos dhármicos, dioses abrahánicos que viajan sobre la serpiente: aquella que simboliza el pecado del conocimiento emancipatorio del hijo sobre el poder del dios paterno astral.

Veo que los Retales se despliegan así con tal iconografía simbólica, o se repliegan germinativamente, hacia un magma que disuelve nuestros egos, en pos del Impersonal Sacro Revolucionario: el magma arquetípico primordial. El antes del yo, el antes del nosotros, que nos transmuta en Nosotros del Fuego. El Nosotros del Fuego supera la Abstracción Colectiva Ilustrada Revolucionaria.

Por ello, Retales nos hace volver, y renacer, en una forma de estar en el mundo que yo llamo la Sagrada Emancipación.

– Sólo la palabra medium puede nombrarla.

– Sólo nuestra salida, nuestro destete, del aparato tecnológico-desarrollista capitalista democrático nos puede hacer actuar con Amor.

– Sólo el Amor Impersonal previo-posterior a nuestros egos puede prender el Nosotros del Fuego que deseamos. El Fuego más acá y allá de toda poesía y de toda teoría crítica. El Fuego de la Vida: «El cambio climático lo producen tus venas».