Artículo sobre la película Cinco lobitos en relación con Maternidad y crianza para su presentación en Málaga
Tania Gálvez San José
Compartido originariamente en lasinterferencia.com
Creo que si tuviera que hacer un resumen de la película “Cinco lobitos” en dos minutos pondría una sola escena: la del abuelo cantando entre amigos la canción de Mikel Laboa titulada Txoria Txori cuya letra es la siguiente (creo que el texto es de Joxean Artze):


Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío,
no se me habría escapado.
Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío,
no se me habría escapado.
Pero así,
habría dejado de ser pájaro.
Pero así,
habría dejado de ser pájaro.
Y yo…
yo lo que amaba era el pájaro.
Y yo…
yo lo que amaba era el pájaro.
Creo que solamente un poema puede explicar ciertas realidades y ese es el caso de todas las historias que nos cuenta la película, que son varias, tantas como las relaciones entre personas y familiares que pueden darse. Si cambiamos la letra del poema a lo mejor lo entendemos:
Si hubiera seguido los consejos de aquel experto
habría sido más cómodo,
no hubiese dependido tanto de mí.
Si hubiera seguido los consejos de aquel experto
habría sido más cómodo,
no hubiese dependido tanto de mí.
Pero así,
habría dejado de ser un bebé
Pero así,
habría dejado de ser un bebé.
Y yo…
yo lo que amaba era un bebé.
Y yo…
yo lo que amaba era un bebé.
Sé que me diréis que un bebé es un bebé tome teta con horarios fijos o a demanda, tome biberón o use chupete, se le deje llorar para dormirse o se le acune. Por supuesto. Pero los bebés vienen con unas necesidades innatas y los padres podemos elegir adaptarnos a ellas o no, que sean ellos los que se adapten a nuestra cultura, a nuestro mundo laboral.
Cuando Amaia toma la decisión de dar biberón, ¿lo hace libremente? Yo creo que no le quedaba otra opción. No tiene a nadie que le ayude. Es más, su madre, lejos de darle algún buen consejo, le dice que, en sus tiempos, la matrona le dijo que las grietas de dar el pecho se quitaban dando más el pecho. Es decir, “te aguantas”. Sobre los puntos del parto, lo mismo: “¡Qué exagerada eres! A todas nos han dado puntos”. Y te aguantas.
La canción de Mikel Laboa nos dice que las cosas tienen una esencia y, si la mutilamos, ese ser muta en otra cosa. Si te hubiera cortado las alas, serías mía, pero ya no serías tú. Y yo te quería tal cual eres. Es decir, modificar la esencia natural de algo tiene unas consecuencias. Otra cosa es que aparentemente no pase nada en este mundo de relativismo moral y en el que todo ofende.
Pero hablar de teta, biberón, chupetes, oxitocina al hablar de esta película puede sonar un poco frívolo, ya que esta historia nos muestra que, en realidad, hay todavía algo más profundo en los vínculos fuertes de las relaciones familiares que lo resisten todo, que son resilientes a toda interferencia cultural. O al menos eso parece… Esas personas se quieren y se ayudan, a su manera, dentro de sus posibilidades. A lo mejor no dan el mejor consejo, pero están ahí. A lo mejor puede haber una infidelidad, pero permanecen juntos por lo que les une. Si os fijáis, siempre permanecen juntos. Y esa es la fortaleza de la familia. No es una familia perfecta, se pasan toda la película discutiendo y gritando, con roces de convivencia, malas contestaciones, pero a la vez se quieren todos los personajes. Todos se quieren y se cuidan. Primero es Amaia la que recibe cuidados y después es su madre, Begoña, la que es cuidada. De hecho, toda la película es un ciclo vital en sí misma, en su estructura, ya no solo porque todos los guiones tienen un principio, un desarrollo y un final, sino que a nivel argumental aquí se hace lo mismo: la vida y la muerte siempre están unidas.
Begoña: “Todas esas vidas que no vives son siempre perfectas, son ideales, pero en algún momento hay que vivir la vida que te ha tocado, hija”. Es decir, una cosa son lo que nos dicen los expertos, otra la película que cada uno nos montamos en la cabeza, y otra la realidad material y social a la que tenemos que adaptarnos. Tenemos que lograr sobrevivir.
Desde un punto de vista cinematográfico me parece una película redonda, y la base de su éxito es un guion muy pensado por parte de su directora, Alauda Ruiz de Azúa. Tiene una estructura simétrica y en espejo. Tiene un corte en la mitad, que divide la primera parte dedicada a los cuidados del bebé de la segunda parte dedicada al cuidado de su madre (la abuela). En el medio, jaspeados, todos esos pequeños guiños de guion en los que los personajes están en un papel en la primera historia y toman otro rol en la segunda. Es una película con muchísimos pequeños detalles, donde todo está donde tiene que estar y todo tiene un por qué. Se nota que la autora lo ha trabajado a fondo. Y luego después están los actores que dan vida a todo ello, son naturales y te los crees hasta el final, destacando especialmente el personaje de Begoña, a la que da vida la actriz Susi Sánchez.
He de decir que desde que soy madre casi no piso un cine, de ser una persona muy cinéfila he llegado a aborrecer el cine actual; y es que, ya no conecto con él ni con sus historias, y me refugio en los libros, sobre todo ensayos, porque ahí encuentro lo que voy buscando. El cine ya no me llega y, además, me da tremenda pereza. Sin embargo, esta película sí me ha tocado el corazón.
Para no destripar la historia vamos a volver al principio que es dónde se muestran los problemas de la crianza solitaria de la gran ciudad, que es lo que más me ha resonado con lo que yo sentía con mi primer hijo y que ahora desde Ediciones Fantasma me han vuelto a recordar. Para empezar, se nos presenta a una mujer recién parida, su bebé, su compañero. Son una pareja ya de unos 35 años, viven en Madrid, donde no vive ninguno de los abuelos. No tienen a nadie que les pueda ayudar. Y, por otro lado, está el mundo laboral. La crianza y el mundo laboral. Ella tiene que rechazar trabajos y él tiene que ir a trabajar para traer un sueldo, aunque a Amaia le moleste tanto.

En el libro que me ha publicado Ediciones Fantasma hay artículos relacionados con todo esto escritos como madre, no como experta. Por ejemplo, el de “Maternar a la madre” (pg. 175) que, aunque se centra en la figura de la creación de la “doula” como mujer experimentada en el parto que brinda apoyo emocional y físico a la madre, en teoría también es una figura que está presente en los días después del parto. En la película, esas personas son sus padres, pero vienen un par de días y se van. El padre del bebé también se va, por motivos laborales. Ella se queda sola y, al verse desbordada por la situación, vuelve al hogar familiar, donde ahí puede descansar, comer tranquila, y en la película se puede ver hasta en el plano de su mejoría física evidente. También se habla de la crianza a nivel social en el artículo “Un análisis de los cuidados muy interesante: Carolina del Olmo”.
En una hipotética secuela de “Cinco lobitos” se vería que pasa cuando esta pareja vuelve a Madrid con su bebé de un año. Ahí no acabarían los problemas y echarían de nuevo en falta tener abuelos cerca. Yo realmente no sé cómo lo hace la gente que no tiene abuelos que puedan ayudar…
En la película no se deja llorar al bebé en ningún momento, la madre de forma instintiva, aunque esté cansada responde a su llanto, sabe que es por hambre o sueño o una necesidad real. En mi libro hay varios artículos donde se habla de este tema, ya sea desde un punto de vista personal como madre primeriza (El llanto del bebé, pg. 27) o desde un ángulo histórico (“El primer precedente del “dejar llorar” a los bebés: Licurgo de Esparta“, pg. 183).
Yo creo que ella en la película se ve desbordada por la lactancia materna, sobre todo por el dolor de las grietas. Eso hace que cualquiera deje la lactancia materna, porque duele muchísimo y es una experiencia muy desagradable y triste. A mí me pasó con mi segundo hijo y estuve también a punto de tirar la toalla, así que entiendo al personaje de Amaia perfectamente. Sin embargo, según lo pude investigar y leer, la lactancia artificial no se inventó para los problemas de lactancia habituales de hoy en día, fue un producto que iba dirigido a las madres trabajadoras que no podían dar la teta porque tenían que trabajar fuera de casa (Lactancia artificial para las mujeres trabajadoras, pg. 39). Pero, en el libro, también pongo en su sitio a algunas visiones maternales que se basan en falsedades, como que siempre es el niño el que tiene que decidir el momento del destete o en un conflictivo concepto sobre lo “natural” (El destete natural, pg. 83, y también De la simbiosis a los destetes, pg. 187).
Sobre el tema de la conciliación entre crianza y vida laboral, en la película se trata desde varios puntos de vista:
a) El de Amaia: ella piensa que va a poder seguir trabajando desde casa y cuidando al bebé. La realidad es bastante diferente a cómo lo había imaginado.
b) El de Javi: le sale un trabajo y piensa que lo tiene que coger para mantener a la familia y pagar las facturas. Obviamente, no lo hace para escaquearse.
c) El de Susi, la abuela. Su hija en cierto momento de la película le dice algo así como “¿así que tú no trabajabas? quiero decir, fuera de casa?
En el libro que recopila artículos de este blog hablaba de conciliación desde mi visión personal, de madre que sí quería estar de excedencia el máximo posible y dar la teta todo lo que pudiera. Yo lo que veía es que si volvía a trabajar había una deducción fiscal de 100 euros al mes y, sin embargo, para las que nos gastábamos los ahorros con una excedencia no había nada (Análisis y reflexiones en torno al informe de Goldman Sachs “Womenomics 3.0. The Time is now”). Ahí yo vi que había una ingeniería social detrás para fomentar que las madres volvieran al trabajo lo antes posible, con todo el respeto para las madres que están deseando volver al empleo. Pero no era mi caso… Yo si me hubiesen pagado 3 años a lo mejor me hubiese estado 3 años fuera del trabajo asalariado y creando de otras maneras. Ahora hay un permiso de 16 semanas para padres y madres, ha sido una reivindicación de cierto sector del feminismo el que estos permisos fueran intransferibles, es decir, que el padre no se lo pudiese pasar a la madre o al revés. Yo siempre he estado en contra de ese paternalismo, ya que me hubiese gustado poder disfrutar yo de esas semanas del padre.
También hay corrientes que dicen que todo esto se solucionaría con la denominada “renta básica”, pero tampoco estoy tan segura. Veo el peligro de que terminemos todos siervos del estado, ya que quien paga, manda. Y, más aún ahora que nos van a meter en el mundo de las CBDC (monedas digitales de banco central) en un momento de crisis sistémica brutal, donde bajo unas siglas chulísimas se puede esconder un corralito y una “cartilla de racionamiento digital”. Recordemos que España tiene una deuda pública del 115% del PIB, 1 billón y medio de euros. Hablamos de que cada ciudadano, bebé o anciano, debe unos 30.000 euros. Cada niño que nace aquí, como Ione, viene con una deuda nada más nacer. ¿Qué tipo de conciliación laboral se puede hacer en un país en el que ya naces endeudado? Cuando yo nací, la deuda pública era del 16,5 del PIB. Y cuando nació “Amaia” (Laia Costa), la deuda había aumentado al 42%, ya subía, pero era algo más asumible que el 115% actual.

https://datosmacro.expansion.com/deuda/espana?anio=1990
¿Tengo yo alguna solución mágica para la conciliación entre la crianza y el trabajo? Pues la verdad es que no. Creo que tiene que haber opciones porque cada caso es diferente: la opción de excedencias pagadas de mínimo dos años y la opción de volver a trabajar. También tendría que haber guarderías en los centros de trabajo de más de X trabajadores. Pero, claro, todo esto no asume el problema principal y es que la inflación se ha comido, ya no ahora que está desbocada, sino desde hace muchos años el poder adquisitivo de las familias. Antes, con un sueldo vivía una familia de 6 personas o de 8, todos tenemos abuelos que han vivido así. Es cierto que no tenían lujos y eran ahorradores, pero les daba para vivir. Ahora, para mucha gente, la mayor parte del sueldo se la come la hipoteca y la comida. Es cierto que hay dos sueldos en vez de uno, pero ya ni con dos da. ¿Llegará el momento en que haga falta que los niños y adolescentes trabajen para llegar a fin de mes? Puede parecer una barbaridad lo que estoy diciendo en el contexto actual, pero no lo descartéis tan pronto.
Más nos vale aprender economía, comprender cómo se crea el dinero y la inflación, y por qué se da esa pérdida de poder adquisitivo a lo largo de los años. Si no, los políticos harán con nosotros lo que quieran. También tendríamos que volver a una ética fuerte, que nos impulsara a denunciar el derroche de dinero estatal cuando lo vemos delante de nuestras narices. La corrupción no es solo cosa de partidos políticos, está extendida por muchas capas de la sociedad, en mayor o menor escala. Y podemos darle todas las vueltas al tema de la conciliación que queramos. Desde luego, no es cómo lo enfoca el feminismo, una cuestión de lucha de sexos o de opresión patriarcal, ya que el salario masculino, desde un punto de vista histórico, siempre fue mayor porque se entendía que era un salario familiar (1). Es decir, no ganaban para ellos solos, ganaban para mantener a 6 personas.
¿Qué les espera a los bebés “Ione” el día de mañana? Pues el futuro es incierto. La natalidad está en caída libre. Si tomamos el País Vasco, localización usada en la película, estas son las tablas de natalidad de los últimos años:
2021 – 14.276
2020 – 14.743
2019 – 15.449
2018 – 16.100
2017 – 17.077
2016 – 18.247
2015 – 18.849
2014 – 19.379
2013 – 19.116
2012 – 20.533
Desde 2016 han nacido menos niños a un ritmo de casi 700-1000 niños menos cada año… No creo que se siga ese ritmo, obviamente, porque de ser así, en unas décadas ya no nacerían vascos… En algún momento esa tendencia debería parar, remontar o por lo menos mantenerse. Cinco lobitos en el país de los 1,2 hijos por mujer…
La realidad es que vivimos un momento histórico en el que como sociedad vamos a tener que tomar decisiones duras y la primera es aceptar la realidad, la materialidad de la vida (“en algún momento hay que vivir la vida que te ha tocado, hija”). Hoy la realidad está maquillada y escondida entre toneladas de ficción y disparate (disparate financiado a crédito, además). Pero peor está el asunto espiritual, que es mucho más importante que lo material. No hay ningún tipo de sentido de trascendencia y está muy extendida la idea de que da igual tener hijos que no tenerlos, que da igual tomar una determinada decisión vital que no tomarla. Tampoco parece que el amor cotice en alza, nadie se casa y los que lo hacen se divorcian. La maternidad no tiene ningún valor social. Tener tres o cuatro hijos es, a ojos del ciudadano medio, una locura o una estupidez (y así se nos hace saber a las madres de familias numerosas…). Y lo más grave de todo, en base a protocolos creados por expertos, se ha perdido toda humanidad y esto lo hemos visto en la “crisis sanitaria” donde los ancianos han muerto solos y abandonados como perros. Pero todo por su bien y siguiendo directrices, ¿eh? Todo el mundo obedeciendo con disciplina militar y aplaudiendo. Y la gente ha dejado este mundo sola, sin un beso ni un abrazo de un ser querido. Esa es la generación que nos ha cuidado, los abuelos de esta sociedad.
Así que abróchense los cinturones, vienen curvas y el tortazo de realidad va a ser épico. Esperemos que el golpe nos llegue con vínculos de amor fuertes como los que se muestran en la película.
1. Sevilla 10 de octubre de 1807, Correspondencia de J. Espinosa a M. Cayetano Soler. Recogida por José Manuel Rodríguez Gordillo: “La primera de estas réplicas está desvanecida con saber por un principio general que en todas partes y en todas artes y manufacturas es mayor el jornal del hombre que el de la mujer porque ésta sólo tiene que atender ordinariamente a su propia manutención y aún muchas de ellas a sólo su vestido porque las mantienen sus padres, hermanos y parientes y los hombres tienen que mantenerse a sí mismos, a su mujer, a sus hijos y aun a sus madres, suegras o hermanas; y aunque esta diferencia de jornales influye mucho en el aumento o rebaja de precio de la manufactura, también influye considerablemente en el interés del Estado que sean hombres y no mujeres las que las hagan, porque la población se aumenta con una familia en cada uno de estos jornaleros, al poco que se disminuye cuando son laborantas de cigarros las mujeres, las cuales saben que son despedidas cuando se casan y sólo aspiran a mantenerse solteras, tal vez con una vida inmoral y relajada.” https://personal.us.es/alporu/fabricatabaco/cigarreras_sevilla.htm
Sobre el debate sobre el salario familiar durante la Guerra Civil: https://www.raco.cat/index.php/Millars/article/download/130873/180620
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